viernes, 1 de julio de 2011

El incoherente fin de un ciclo

Y al final, consumido por mis últimas energías, ya inexistentes, me he dado cuenta de que ya se ha terminado un ciclo.

Todo un ciclo.

Al volver a casa y encender la luz, encontrarme unas llaves encima de una mesa bajita, blanca y redonda me dio una de las primeras señales, esmaltada con brillos nostálgicos. La segunda, para ser exactos. ¡Qué pena!, no pude evitar decir con el corazón en una sístole que durante unos instantes fue permanente. Una sonrisa, mi mejor máscara para ocultar lágrimas.

La primera llegó entre agobios y estrés y se confirmó con una imagen en una pantalla; un 5.0 que significaba el 100% definitivo de un adiós dejado atrás, entre sentidos abrazos, unos días antes. Un adiós que significaba, por otra parte, la alegría inmensa de una Licenciada. Yo también me alegro, te lo mereces.

Las demás se precipitarán una tras otra, ahora que me he dado cuenta de que están ahí.

Un ciclo de mi vida. Cuatro años entre estas paredes que me han visto forjar las que son, sin duda, mis más profundas amistades.

Tanto tiempo compartiendo mi vida con una persona a la que he terminado queriendo, sin ser consciente muy bien del proceso, como a la hermana que siempre deseé y nunca tuve, aunque a veces (una vez, en realidad) me apetezca enfadarme con ella porque sí. ¿Quién te hará mimitos en el pelo ahora?, me pregunto. ¿Cómo seré capaz de decirte adiós?

Estas paredes han vivido tanto, tantas cosas que me gustaría llevarme conmigo... Tantos recuerdos de la gente que vivió aquí, de los felinos que destrozaron el sofá, de las lloreras sin sentido en mitad del pasillo, de un mono amarillo de una dimensión paralela, de cierta cántabra (que ya no está solo con cruzar el pasillo) tirada en mi cuarto esperando sacarme al menos cuatro palabras seguidas, de conversaciones puerta a puerta antes de dormir, de la lavadora con complejo de nave espacial, de las tartas de cumpleaños y bizcochos de chocolate...

Tantas cosas buenas y tan pocas malas (por mi parte, solo una con nombre propio)... Que me gustaría no tener que irme nunca.

Pero este ciclo ha terminado. Tengo que ser valiente y no mirar atrás hasta estar seguro de que puedo hacerlo sin que la intensidad de la nostalgia que irremediablemente sentiré me ahogue.

No hay comentarios:

Publicar un comentario